La mitad cirquera de Catalina

07 Febrero of 2015 by

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Durante un viaje al sur de Francia a los 15 años, se queda para siempre con la sorpresa del circo, con la simpleza que puede tener un payaso para hacernos reír y con la curiosidad que genera al público.

Miquel de la Rocha, co-director de Agárrate Catalina, nos cuenta un poco de su trabajo y su búsqueda constante en el mundo del circo, y su habilidad para “salpicar”.


 

Miquel, hablemos de los inicios…

Yo comienzo un poquito con el teatro y la danza. En realidad, tendría que retroceder un poco más, tengo una tía bailarina y una mamá actriz. Desde chico he estado en este mundo.

 

¿Cómo aparece el circo?

El circo aparece en un viaje que hice al sur de Francia a los 15 años. Allá vi un espectáculo de payasos que estaba en un código totalmente distinto al que yo conocía. Me quedé muy pegado con eso y supe que quería hacer algo así.

Como ya estaba en Francia, me volví loco al ver una tienda de malabares y compré varias cositas. Cuando volví no había mucha gente que hiciera malabares. Existía La Tarumba, pero aún no tenían la carpa. Por otro lado, había mucha gente que comenzaba a tomar las calles.

 

¿Y comenzaste a explorar solo entonces?

Sí. Comencé a hacer algo de malabares con todas las cosas que traje y descubrí que no era mi don (risas). Sin embargo, al terminar el colegio quise estudiar circo.

 

La Tarumba todavía no tenía la escuela por aquella época. Tenía talleres, pero justo no se abrieron. Encontré a Alex Ticona y Carlos Criado dirigiendo un taller, y me metí a estudiar con ellos. Al mismo tiempo quería complementar e hice talleres de teatro con Wili Pinto y María Luisa de Zela en Maguey… Y danza en Pata de Cabra con Mirella Carbone. Exploré por ahí, pero el bicho del circo ya estaba, y decidí buscar escuelas en Francia.

Miquel sobre el cable_altas

Fotografía: Artistas del Espacio

Volviste a Francia…

Sí. Encontré una escuela y me quedé a hacer la preparación en Montpelier. Yo estaba aún muy pegado a la idea de estudiar payaso, y ahí solo tenían un curso de eso. Me pasó como con los malabares, tampoco era lo mío (risas).

 

Entonces ¿No quedaba otra que seguir buscando?

Estaba allá y no me quedaba otra realmente. Aproveché ese año de formación: hice aéreos y exploré mucho. De pronto -viendo un espectáculo- me contacté con la compañía Les Colporteurs que tenían el plan de venir a Perú a hacer un intercambio con La Tarumba. Así es que volví. Hicimos un espectáculo en el Teatro Segura. Yo estaba casi de colón porque no era oficialmente ni del elenco francés ni de La Tarumba, pero ahí conocí a todos. Fue una experiencia súper rica.

 

¿Y luego de eso? ¿Te quedaste ya?

No. Francia me llamó de nuevo. Participé en el espectáculo Filao. Ahí me enseñaron un poco a cargar en el cuadro coreano y los acompañé a girar por ocho meses. Estuvimos en Marsella, Alemania, Estados Unidos…

 

¿Y decidiste volver?

Sí. Volví a Pata de Cabra. Me puse a estudiar, porque sentía que me faltaba bastante camino. Me metí mucho en la danza. Y por otro lado, me compré varias colchonetas y comencé a investigar un poquito con acrobacia.

 

¿Y comenzaste a transmitir toda la información que tenías?

Claro, de pronto me descubrí armando un taller de circo en Pata de Cabra. Luego en el mismo local, pero con Pataclaun. Además en la Universidad Católica. De un momento a otro (el circo) se volvió una necesidad.

Cuchillo_alta

Fotografía:  Johanna Valcárcel

 

¿En ese marco surge Agárrate Catalina?

Agárrate Catalina nace con mi segundo hijo, Gael, que llegó con el pan bajo el brazo.

Surge en realidad porque Lucía (co-directora del espacio) y yo teníamos muchas ganas de crear, y la gran necesidad de un espacio con techo alto. Comenzamos con los talleres para niños que era algo que ya hacíamos y nos gustaba mucho. Además comenzamos a convocar amigos para nuestro primer espectáculo oficial. Ya antes habíamos hecho cosas chicas con ellos. Esta vez buscábamos una temporada.

 

¿Cuál fue su primer espectáculo?

Arrancamos con el primer espectáculo oficial: Poleas y Polleras. Participaron Franklin Chávez, Violette Hocquenghem, Helder Lacunza y Tania Larrea en la parte más circense, y las bailarinas Margot Lozano, Carola Robles y Cori Cruz. La idea era mezclar estos mundos. Agárrate (Catalina), en líneas generales, busca experimentar y construir juntos. Luego vendría Roto, dirigido por Lucía (Meléndez) y mi unipersonal.

 

Vestiré de Marrón ¿Cierto?

Sí, mi solo solo. Al comienzo no quería a nadie. Me demoré bastante. Dar el primer paso siempre es fuerte.

Torero

Fotografía:  Johanna Valcárcel

 

¿El proceso fue muy introspectivo?

Sí, porque parto de un hecho muy personal que es la muerte de mi padre. Desde que decido entrar en trabajo de mesa hasta la presentación del material, me tomé aproximadamente un año. Los dos últimos meses fueron prácticos. Comencé a experimentar con todo lo que tenía, un rebuscar de sentimientos, de todo lo que pasó. Fue un proceso muy largo.

 

Pero el espectáculo tuvo de todo, un circo interno total…

Siempre he sido inquieto y nunca me he quedado con un elemento. Ese ha sido mi gran conflicto con el circo. No tengo una súper técnica en ningún elemento, y no sé realmente si la necesito o la quiero. ¡Siempre me ha gustado salpicar por todas partes!

 

Y ese espíritu también se aplica a todo Agárrate…

Hasta cierto punto. Agárrate no soy solo yo, también es Lucía, también es todo el elenco que nos acompaña al crear. Una de las primeras cosas en la que nos fijamos es qué está pasando. Qué me pasa a mí. Qué le pasa a cada uno. Qué les pasa a los demás con respecto a lo que me pasa a mí. Suena enredado, pero es “lo que pasa”. Además la idea es no estar conforme. Una de las cosas más importantes es arriesgar y probar. Mientras el trabajo sea honesto y realmente haya trabajo, es valioso. Yo -por ejemplo- tengo una lesión fuerte que me limita desde hace años. A veces, un impedimento te lleva por otro lado y eso me encanta. Me interesa mucho romper las reglas y todo error se puede aprovechar.

 

Y ahora ¿Qué sientes que te pasa?

Ahora estoy probando con un laboratorio de creación basado en el circo. Una de las cosas que más me gusta son las reacciones del público. En este laboratorio quiero hacer una exploración de sensaciones de riesgo sin tener elementos de circo clásico. Por ejemplo, la sensación de que vas a cruzar la calle y pasa un carro súper veloz, son cosas cotidianas que nos llevan al límite, con las que conectamos todos, que generan ese ¡Ah! en el público. El riesgo es un punto de atención para el público, es una herramienta con la cual sé que mantengo al público a la expectativa. Para que no se aburran. Es como el humor, no es el riesgo de morir sino el riesgo de fallar, de saber que te estás llevando al límite.

 

¿Otras inquietudes?

Me encantaría sacar las cosas que pasan a provincia. Finalmente la idea de circo siempre ha sido la de viajar, llevar, transportar. Lamentablemente nunca hemos podido sacar ningún espectáculo porque es complicado trasladar los elementos, los mecanismos, pero es una inquietud que me jala hace rato. Salir de Lima siempre es bueno.

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